En la fase de expresividad motriz el
niño pone en movimiento todo su cuerpo sin temor, consiguiendo así
descargar grandes cantidades de energía, tensiones, conflictos, etc.
Viviendo el placer que produce el movimiento del propio cuerpo, el
niño logrará sentir una descarga tónica, que, a su vez, le
permitirá alcanzar una descarga emocional.
- Juegos puramente motrices. Saltos, desequilibrios/equilibrios, caídas, balanceos, giros, rodar, destruir, esconderse, golpear, llenar/vaciar, reunir/separar, arrastrarse, hacer puntería o encestar, etc.
Fase de la historia o cuento.
Antes de finalizar el período motor, se anunciará a los niños que
en un determinado tiempo se cambiará la actividad, por ejemplo
cinco minutos, tampoco puede ser con mucho adelanto. Así, el niño
podrá anticipar que después de esta fase de expresividad motriz
llegará el cuento. Para dar paso a la actividad, el psicomotricista
reunirá al grupo de niños y los sentará frente a él, dando lugar
a que paren el cuerpo. De alguna manera, durante la narración de
cuento sucederá que el niño pasará del placer de hacer al placer
de pensar, es decir, vivirá las emociones sin necesidad de utilizar
el cuerpo. En la historia o cuento se vivirán tres momentos: la
introducción a la historia y presentación de los personajes, el
momento cúspide donde se desarrolla la situación de tensión, y la
resolución del conflicto. Es necesario que el niño viva una
situación de miedo en la que aparezcan personajes antagonistas que
dificulten la tarea del protagonista, pero teniendo en cuenta que la
historia siempre debe finalizar con la victoria o triunfo del héroe.
Con la solución del problema, el niño conseguirá asegurar sus
miedos, sus angustias, sus temores. La estructura y repetición del
cuento a lo largo de las sesiones facilitará que el niño anticipe
lo que va a suceder en la historia. Al niño esto le encanta y piden
una y otra vez que se les cuente el mismo cuento e incluso se
adelantan a los sucesos provocándoles este hecho gran placer. El
cuento, en psicomotricidad, tiene una vertiente más terapéutica
que lúdica. Con él se pretende que el niño elabore las angustias
representadas a través del hilo de la historia y viva el retorno a
la seguridad emocional. Durante este proceso los niños serán
capaces de vivir una omnipotencia mágica incluso identificarse con
los personajes.
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